Nota: la siguiente es una entrada tragicómica sobre la política municipal que no pretende herir la sensibilidad de nadie.
Probando enumerando uno dos y tres:
Javier Lacalle es como una enredadera que trepa en un jardín político, regada por el aspersor que programa Juan Vicente Herrera, enriquecida por el sustento de una carrera política rica en fertilizantes que aceleraron el crecimiento de su tallo, que se alza en la fronda del Ayuntamiento, donde otras enredaderas enredan desenredando (como Ibáñez, Rebollo y otras vigorosas plantas cuyas raíces se expanden).
Reconozco que sólo he hablado una vez con Javier, aunque sigo la política local a diario, informándome gracias a las objetivas páginas de un periódico de PROMECAL. A pesar de que Lacalle es Alcalde de la ciudad de PROMECAL, la lectura de Diario de Burgos supone una estupenda forma de comprender los entresijos de la política municipal; si eres imbécil, claro.
El caso es que, días antes de las últimas elecciones municipales, se organizó en la prestigiosa Facultad de Derecho un debate con los candidatos favoritos de las apuestas; Javier Lacalle y Luis Escribano. Al acto fuimos invitados alumnos de Derecho y de Ciencias Políticas, aunque resultó sorprendente que muchos más se sumaran; las Nuevas Generaciones entraron en tropel y sin gracia alguna, como Aparicio contando chistes (toc toc ¿Quién es? Soy un Ministro que va a durar menos que una tarta glaseada en una reunión de obesas anónimas). La primera cuestión que un compañero inquirió trataba sobre la privatización del Nuevo Hospital; entonces el Alcalde de PROMECAL se sonrojó, yéndose por las ramas. Nada más concluir su contestación, Javier dijo: a ver los de ahí atrás… si tienen alguna pregunta. Sabía donde se habían plantado los bulbos de NNGG, y es que hablamos de un tipo inteligente y seductor dotado de cierto sex appeal político. Ahora lo comentaremos;
Lacalle ya demostró su conocimiento, que abarcaba la simiente política de la Comunidad y hasta el universo y más allá, durante el infinito periodo en que estudió en la UBU, prestigiosa institución educativa que sirve al mismo tiempo de invernadero popular. También lo manifestó Ibáñez, que echaba las lianas en el Consejo de Alumnos, junto con otras plantas de cariz invasivo. Lacalle sabía que lo primero era lo primero y lo segundo iba después, con que aparcó la Ley 30/92 y el resto de textos soporíferos y se subió a un avión con destino a Niza.
Javier ocuparía la presidencia de NNGG y ¡Otro! cargo en la Junta de Valladolid y ¡Otro! cargo en el Instituto Municipal de Cultura y ¡Otro! cargo en Instalaciones Deportivas… este chico promete, se escuchaba en los sembrados. Mas lo importante es que entró; se compró una chocolatina, ojeando las revistas del aeropuerto, y, acompañado de su chica, partió a la aventura surcando los cielos. Luego declararía que era una práctica habitual que los mafiosos de la construcción invitaran a un concejal de urbanismo de vacaciones. Lo típico, vamos. Los miembros del hampa burgalés recibieron de regalo una adjudicación y Javier prosiguió adjudicando obras a sus generosas y bienintencionadas amistades; Los Burgos perdidos de Mazuela se convirtieron en los Burgos vendidos del equipo im-popular, y en esta ciudad mágica y hermosa se levantaron unos faraones que se parecían a unas feas y anodinas grúas de construcción. La burbuja se inflaba inflaba… e hizo ¡PUM!
Pero cuando se escuchó el ¡PUM! de la bomba que ETA colocó en el Cuartel de la Guardia Civil, la burbuja había pinchado y la enrredadera que es Javier Lacalle subía subía hasta que en 2011, Aparicio, cansado de beberse hasta las copas de los árboles y de que sus chistes despertaran menos carcajadas que un burro comiendo una zanahoria, claudicó cediendo el imperio del Partido Popular de Burgos. El elegido, el nuevo emperador de la ciudad de los esqueletos de hormigón, sería nada menos que nuestra querida y ágil enredadera, que se había aferrado a una de las lianas que arrojó Ibáñez y a la barriga de Juan Vicente Herrera. Entonces, nombrado como candidato, sólo restaba que Lacalle ganara las elecciones; go go go.
Quien siguiera las elecciones sabe que el principal adversario en el encuentro, Luis Escribano, un tipo simpaticón que desarrolla una facilidad pasmosa para no contestar a las cuestiones que se le plantean, tenía menos posibilidades de vencer en las urnas que el Burgos CF de ganar en el césped la Champions League. Era otra liga; banderas en el córner, pinchos y bocadillos durante el descanso, anuncios de prensa, de televisión, spots pornográficos… el PP, comandado por un nuevo capitán, gastó gastó hasta que convenció a los borreguitos del rebaño burgalés y… GOOOOL… JAVIER LACALLE NUEVO ALCALDE DE PROMECAL.
Ahí está ahí está la puerta de… abrazando a Precipicio, aficionado a dejar hacer a quienes apalearon manifestantes en Eladio Perlado; protestaban contra la construcción de un aparcamiento. Partido ganado. Win Win. El Diario de Burgos y el jefe mafioso, Méndez Pozo, apenas han influido en el resultado del juego. ¿Podemos estar tranquilos en brazos de un Alcalde que dice desconocer la cuantía de la deuda del Ayuntamiento? ¿Debemos apoyar a un Alcalde que quiere recaudar mediante multas y que miente sobre sus propósitos y que no mueve un dedo por ayudar a quienes más lo necesitan y que no crea empleo y que no paga a los proveedores?
Desde luego que sí, podemos y debemos. PERO HOY NO… MAÑANA. Admito que Lacalle es un gran político-trepador y que otros seguirán sus lecciones y que emana sex political appeal, aunque siendo sincero me gusta más Raúl Salinero… asombrándome por lo contundentes que resultan las críticas de Fernández Santos. Otros concejales son invisibles como espectros. Cristino Díez parece acudir a los plenos para dormitar como un furby y Eduardo Villanueva para twittear. El Ayuntamiento es un curioso jardín repleto de plantas que crecen torcidas al sol sirviéndose del agua que nosotros pagamos; de otra forma se marchitarían como cuando nuestro Alcalde tiene que trabajar.
Por cierto, si alguna muchacha de Nuevas Generaciones lee mi blog ruego que me envié un mensaje; ya quedaremos en la Cafetería del Espolón para dar cuenta – o factura - de la leyenda que sugiere que sois un poquito ligeras de cascos (Es broma, no os enfádeis).