2/03/2012

Y lo que rasga hace daño.

Te escribo con la ausencia de mi memoria,  despoblada mi vida tengo un trozo en esta mesa, mi ilusión era una muerte que no se cumplió, no puedo decirte que tu amor me bastaba [...]

MAREVA MAYO


Seguir caminando hasta que sólo existan los pasos, hasta que las cuchillas que surcan mi carne se detengan y la herida cicatrice, hasta que la corriente se ralentice, deje de cargarse y se pose en un remanso. El juego requiere un silencio calmado que no quiebre ningún susurro; un silencio que adormezca a las sombras que danzan. Los grillos cantan en la noche. Los espejismos suplantan a los sudores fríos. Ella regresa durante la vigilia, ese precioso tesoro, y se erige en los mismos paisajes que las sombras rescataron para inquietarme; los paisajes mudan en composiciones apacibles en las que siento que he alcanzado su corazón, que no estoy aislado, que he doblegado a la enfermedad. Después la realidad me sobreviene. Abrir los ojos.

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