Caminamos por el Espolón; el Arlanzón serpentea. El sabor amargo del cigarro en la garganta. Un grupo de policías nos sigue. Uno de ellos exige nuestra documentación, al tiempo que otros nos registran desplegando la pancarta, por si acaso somos unos muchachos peligrosos. Los paseantes se detienen curiosamente alrededor. El policía dice que no quieren problemas. Mira a un compañero y vuelve la cabeza hacia mí; asiento.
Las banderas rojas y Lenin ondea en la Plaza del Cid. El sol llamea. Los ánimos se alimentan; cada vez llegan más estudiantes. Prenden las primeras consignas. Los viandantes murmuran sobre la manifestación. Huelga. Huelga. La calle Santander empequeñece. Reconozco a compañeros de la izquierda y a profesores que han secundado la marcha; ecos retenidos en la cola; más educación menos represión. Nos detenemos y pancartas y manos arriba y saltos.
Un espacio; me pierdo. Nos veremos más tarde. Chicas de rostros níveos de cuerpos menudos de risa nerviosa que, divirtiéndose, corean y cuchichean. Claro que también han venido chicos de espaldas anchas y voz grave, además de un considerable número de alumnos de Ciencia Política; trabajo de campo.
Empieza la lectura del manifiesto; algunos manifestantes profieren gritos invitando a desplazarse a la Subdelegación. Abucheos al Consejo de Alumnos. Frentes sudorosas y aplausos. Termina la lectura y se desconvoca la manifestación. Alguien sugiere
— ¿Vamos al Telepi?
Marchamos hacia la Subdelegación. Una larga fila de policías y dudas. ¿Cargarán contra nosotros? ¿Cómo habrá funcionado la movilización en otras ciudades?
Mientras escribo estas líneas, miles de estudiantes barceloneses sufren las cargas policiales. La fotografía de la ciudad condal parece rescatada de los años del franquismo: 17 lecheras, disparos y fuego. Sin embargo, en Burgos la estampa ha sido diferente; unos 2.000 jóvenes hemos tomado las calles del centro, y después de la lectura del manifiesto en la Plaza Mayor, la concentración se ha disuelto frente a la Subdelegación del Gobierno. Pacíficamente.

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