1/06/2012

¿La UBU se queja de mi actitud? No, yo me quejo de su discurso y sus prácticas.

Entrada que publico respecto a la queja que he recibido por parte de la UBU.

En las anodinas y frías aulas de la Universidad de Burgos estudiaron los mandatarios que hoy pueblan el Ayuntamiento de Burgos; Javier Lacalle o Ángel Ibáñez son sólo algunos ejemplos. Los pasillos andan repletos de alumnas maquilladas como si salieran de fiesta, con tacones y una sonrisa más falsa que el programa electoral de un partido mayoritario, de alumnos que escoltan a los profesores hasta la puerta y aplauden a los representantes del PP en las conferencias. En la UBU todo resulta maravilloso si eres facha, tu padre ocupa un cargo importante o resultas un estudiante modélico.
            Un estudiante modélico se calla, e incluso ignora, el discurso manipulador de docentes como J.J. Arribas, que declara abiertamente su ideología conservadora criticando al presidente electo de Venezuela. O de profesores como Alberto G. Barahona, que desde la tarima de clase apuesta por los recortes en sanidad y educación. Manuel Cámara escribió sobre el apoyo que el fascismo y el Golpe de Estado 1936 tuvo en Burgos y, durante la clase, aseguró que el modelo neoliberal era su predilecto. J. Castillo impartió la asignatura de Pensamientos Políticos como si hablara en un simposio teológico. Este discurso falaz e impropio de una institución pública me alarmaría menos si los estudiantes comprendieran lo que ocurre. Mas obnubilados por la autoridad del profesor; que emplea un tono serio y se apoya en un pesado libro, los alumnos creen que términos como hegemonía ideológica o pensamiento único son vagas abstracciones utilizadas en exclusiva por  intelectuales.
            El producto del adoctrinamiento se manifiesta de una forma sutil, aunque apreciable si se escarba en los convencimientos de los alumnos; su único objetivo es aprobar, la oportunidad de adquirir pensamiento crítico e independiente queda relegada para otra ocasión que no se repetirá. Por el contrario, los profesores andan enfrascados en demostrar su sapiencia, que comprende usualmente un doctorado, varios másteres y el conocimiento de distintos idiomas. Lo que ignoran es que sus explicaciones sobre derecho – un mecanismo del Poder -, sobre la economía neoliberal o materias que intentan incrustarse en el saber científico, están relacionadas con los mecanismos reproductores de un Sistema puesto en entredicho por la crisis.
            En ciertas ocasiones rebatí los argumentos que esgrimían, decían “es así” “es así, y ya está” o “la ley es esta”, pero cuando aparecían sus caras en la prensa, porque habían incumplido los reglamentos de una institución pública, o cuando sus argumentos caían por su propio peso, dada su escasa fortaleza, entonces ya no parecían los mismos sabios.
            El caso es que alguno de estos profesores se ha quejado de mi actitud ante un órgano de la UBU. Los comentarios críticos e irrespetuosos que supuestamente vertí en conversaciones privadas, haciendo uso de las redes sociales, le molestaron. Entonces, como seguro que leerá estas líneas, le pregunto ¿Quién es usted para quejarse sobre los comentarios – satíricos y en el contexto de una conversación despreocupada- que realicé con mi perfil de una red privada? ¿Por qué se queja?
            El que debería quejarme soy yo; motivos me sobran, asuntos políticos y personales. La mediocridad, el discurso manipulador y las cuestionables prácticas de la institución que construyes cada día con tu trabajo, señor o señora, sí son motivo para protestar.  Sepa que a mí no me asuntan las advertencias, que seguiré escribiendo lo que considere oportuno y que me repugna la educación alienante que imparten la UBU y la mayoría de las universidades.


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