Publicado en Tercera Información y Kaos en la Red.
Los medios de comunicación se encargan de bombardear a los ciudadanos con noticias y reportajes sobre la terrible situación que les espera si no se toman medidas. Claro que estas medidas se encuadran dentro del modelo neoliberal que se llevaron a cabo en los años 80 y 90, entre cuyos fines se encontraban reducir el Estado a la mínima expresión, ahogar el poder de los sindicatos, favorecer el despido, privatizar las empresas públicas o una legislación laboral a medida de las exigencias de los burgueses, entre otras. Estas políticas fueron favorecidas por el gobierno de Tharcher demostrándose que el modelo neoliberal fracasa como fracasó en América Latina, que vivió una época de privatizaciones y reformas laborales agresivas, que produjeron la crisis de la economía y del sistema político.
Lo que me gustaría señalar es que, en América Latina, durante los años 80 y 90 la población se mostraba favorable a las medidas neoliberales que hemos comentado. Luego de que se demostrara su ineficacia, la izquierda ha resurgido en toda la región en países como Venezuela o Bolivia, aunque lo cierto es que estos gobiernos y los de Brasil, Ecuador, Nicaragua o Argentina buscan la libertad de mercado, pero acompasándola con programas sociales. Así, es importante reseñar la significancia de Venezuela como la avanzadilla de la izquierda. De esta forma, en la mayoría de los países que he citado, se ocasionó el crecimiento económico frenando las pretensiones de un mercado descontrolado en el que el Estado apenas intervenía.
En el Estado español nos encontramos con una situación semejante; se impulsan políticas neoliberales con la promesa de que éstas ayudarán a la creación de empleo y la reactivación de la economía. Aunque la aprobación de la anterior reforma laboral sólo ha traído el aumento del paro. Nos encontramos en una situación semejante, como si hubiéramos retrocedido dos o tres décadas; hay que reducir el déficit y la Administración, incentivar que los empresarios contraten valiéndose de contratos basura o de prácticas, como el aprobado por el gobierno del PSOE.
Seamos sinceros; el discurso neoliberal ha triunfado. En la universidad escucho como se apuesta por las privatizaciones; en las clases de economía estudio a Tharcher y su gobierno neoliberal como si fuera la panacea; en las de derecho administrativo se intenta convencer a los alumnos de la necesidad de recortar en sanidad y educación, incluso en las asignaturas políticas apenas se refiere el marxismo o las políticas de izquierda. El discurso de que no hay otra forma que reducir el Estado del Bienestar lo escucho cuando enciendo la radio al volver a casa, lo leo en los periódicos, percibiéndolo en el momento en que se anuncian los planes de recorte de Rajoy, que me recuerdan a las políticas de América Latina en los años 80 y 90, aunque evidentemente son casos diferenciados; si las políticas neoliberales fracasaron volverán a hacerlo, y los ciudadanos se echarán a la calle como entonces.
En cuanto a la opinión de los ciudadanos sobre los recortes, nos encontramos con señales aparentemente contradictorias. Por una parte el Barómetro de diciembre del CIS arroja que los ciudadanos se muestran más favorables a las políticas keynesianas de intervención del Estado aunque haya que subir los impuestos (52.4%) que a reducir el déficit (23.2%). Por otra, según una encuesta realizada para El País, que no parece muy favorable a los intereses del Partido Popular, advierte que el 53% de los ciudadanos aprueban la gestión del gobierno de Mariano Rajoy. Además aprueban los distintos recortes exceptuando la subida del IRPF y el IBI y la congelación del salario mínimo interprofesional.
Los sucesivos recortes, con respecto a su agresividad, con total seguridad serán impopulares. Pero entonces entramos en el discurso de “lo inevitable”, de que lo primero es la creación de empleo; los recortes son aceptables si se reduce el paro. ¿Qué pasará cuándo se demuestre que las políticas derechistas no crean empleo?
El movimiento del 15-M se ha convertido en el catalizador de las demandas en torno a la responsabilidad de la banca, atendiendo a que la mayoría de los ciudadanos han advertido la culpabilidad de las políticas financieras, entre otras. Las fuerzas de izquierda han intentado contrarrestar el discurso de “lo inevitable” a través de programas y propuestas alternativas que han buscado la salida de la crisis en otro modelo.
Pero la escasa presencia de las propuestas de la izquierda en los medios de comunicación en un modelo de democracia de audiencias impide que el discurso alternativo se imponga. De cualquier forma es posible que el discurso de “lo inevitable” caiga por su propio peso, como se demostró en América Latina, donde surgió una tendencia regional de izquierda que contrarrestó las medidas derechistas frente a la crisis.
Yo, desde luego, no entro en el discurso de dónde hay que recortar. ¿Cómo se salió de la crisis de 1929? Con la intervención del Estado, no reduciéndolo a un mero instrumento de las exigencias de los burgueses.
Muy buen artículo. Ojalá que aquí la gente se de cuenta y pase como en América Latina.
ResponderSuprimirUn saludo.